Blog centrado en un remoto lugar de La Mancha que te puede aportar una importante visión de conjunto relativa al ambiente general que se vivió durante la II República, sobre cómo transcurrió la Guerra Civil en la retaguardia republicana y, lo que es peor, sobre el fin de la guerra y el inicio del terror franquista...
viernes, 16 de julio de 2021
Segunda edición en librerías
martes, 25 de mayo de 2021
Millán Carrasco, un rodense en las fosas de Almagro
Recientemente se ha procedido a abrir las fosas comunes del cementerio de Almagro para exhumar los cadáveres de 70 personas víctimas de la represión franquista en este vecino pueblo de Ciudad Real. El equipo multidisciplinar encargado de la apertura de las fosas, procedente de la Universidad Complutense y del proyecto “Mapas de Memoria”, hicieron en su día un llamamiento para encontrar a los familiares, sobre todo de cara a la identificación lo más exhaustiva posible de los cuerpos. Entre ellos se encontraba el de Millán Carrasco Martínez, nacido en La Roda en 1886.
A las personas que nos dedicamos a esto no nos gusta tener que andar justificando constantemente que lo último que pretendemos es “remover” el pasado. No se trata pues, de remover, sino de ayudar a las familias que así lo deseen, a dar una sepultura digna a sus seres queridos; de equiparar y reparar la memoria de todas aquellas víctimas que quedaron en el más abyecto de los olvidos, algo en lo que la ciudadanía española debería de estar de acuerdo por encima de las diferencias ideológicas. Se trata en última instancia de contribuir a cimentar una sociedad civil moderna y democrática. Una nueva sociedad que conozca su verdadera historia y que cuando mire hacia el pasado lo haga desprovista de todo temor y rencor.
Millán Carrasco no es un simple nombre o un número más que viene a engrosar las filas de los listados sobre represaliados rodenses por las autoridades franquistas. Se trata de una vida humana, de otro hombre que debido a sus ideales políticos, sufrió la furia vengativa de los vencedores una vez acabada la guerra civil. Efectivamente, en nuestros cálculos sobre estos asesinatos masivos, faltaba esta persona. Y como esta, somos plenamente conscientes de que, dadas las circunstancias, en el recuento falten algunas más.
Millán fue otra de tantas víctimas que, dada la imposibilidad de recorrer todos los archivos judiciales municipales del país, permaneció ausente en mis listados sobre represaliados rodenses por el franquismo. No había quedado rastro alguno de él excepto en los registros de defunciones del juzgado municipal de Almagro. Gracias a las exhumaciones emprendidas en Ciudad Real, se ha podido confirmar la existencia de esta otra persona con sentencia de muerte ejecutada en noviembre de 1939. Habiendo obtenido su nombre, apellidos y procedencia, de manera inmediata se procedió a localizar su expediente de “justicia” militar en el Archivo General e Histórico de Defensa. Dicho sea de paso, no es tarea fácil analizar los expedientes de los consejos de guerra franquistas ya que, aparte de estar instruidos a través del procedimiento “sumarísimo de urgencia”, también requieren desnudarlos de su típica jerga patológica y humillante (esto es más sencillo), de contenidos engañosos y tergiversados y de toda una serie de componentes que requieren de un ojo crítico y de una lectura entre líneas.
El 12 de noviembre de 1886, Miguel Carrasco y María Antonia Martínez, registraban el nacimiento de su hijo, Millán Carrasco Martínez, en la Parroquia de El Salvador de La Roda. Que sepamos, tuvo otros tres hermanos, Antonio, Isidro y Ciriaco, y dos hermanas, Josefa y Ángela. En La Roda, cuando estuvo en situación de trabajar, desarrolló su labor como factor ferroviario aunque pronto abandonó esta dedicación para incorporarse a trabajar en un molino de tierra blanca propiedad de la familia. Su evolución en el negocio familiar le hizo convertirse en “un hombre de negocios que se dedicó al comercio durante toda su vida, cumplió con honradez sus compromisos, portándose a este respecto inmejorablemente”.
Aunque nunca llegó a casarse, parece ser que mantuvo relaciones con la hija de un terrateniente de Almagro, motivo por el cuál siempre estuvo vinculado con este pueblo. Así mismo los familiares indican que ambos pudieron tener descendencia, aunque de momento nos ha sido imposible constatar esta posibilidad. Se trata de una hercúlea labor de investigación porque la pareja, con unos orígenes sociales tan dispares, nunca pudo formalizarse en matrimonio. E igualmente, si en efecto tuvieron algún hijo, su origen debió permanecer oculto.
El caso es que Millán, combinando sus necesidades laborales y sentimentales, desarrolló su vida entre los pueblos de La Roda y Almagro. Los descendientes de sus hermanos (pues él no tuvo hijos reconocidos) afirman que siempre destacó por ser una persona inteligente, culta e instruida; un visionario, un adelantado a su tiempo y un autodidacta con amplias dotes para el estudio, la lectura y también para la movilización de masas, mostrándose desde bien pronto sensible a las demandas de las capas más desfavorecidas de la sociedad. Se trataba pues, a grandes rasgos, de un demócrata, un republicano librepensador que, fruto del estallido de la guerra civil, comenzó a desarrollar una intensa actividad política en el vecino Almagro. Aquí encabezó durante los primeros días de la República la creación del Ateneo Libertario de la localidad.
Según se desprende de los documentos consultados, en 1934 fue procesado por tenencia ilícita de explosivos y condenado a dos meses y un día de prisión. Por falta de datos concluyentes, no me atrevo a poner en relación este dato ni con las huelgas campesinas de junio ni con las revolucionarias de octubre del mismo año, aunque algo podemos especular. Lo que está claro es que Millán Carrasco, tras cumplir su condena, no volvió a Almagro. En los documentos se dice que estuvo ausente de esta localidad unos 2 años. Por otro lado, tampoco sabemos a ciencia cierta dónde estuvo preso, pues en los documentos aparece La Roda (Málaga). Si se tratase de una confusión, quizá estuvo en La Roda de Albacete o tal vez en La Roda de Andalucía (que por cierto no está en Málaga sino en Sevilla). Eso sí, el dato de la ciudad malagueña me hace pensar que, dada la ideología de corte anarquista de Millán Carrasco y el arraigo de la doctrina libertaria en Andalucía, durante las revoluciones campesinas de junio de 1934, Millán pudo haberse trasladado a esta localidad para articular y/o participar en estas huelgas campesinas. Es decir, tal vez tenga más sentido relacionar esta supuesta tenencia de explosivos en 1934 con las movilizaciones de junio que con las de octubre. Poco más que añadir en este sentido: solo que podríamos continuar dando palos de ciego en el terreno de la especulación.
Dando un salto en el tiempo, tras la insurrección militar de julio de 1936, Millán reapareció nuevamente en Almagro para ponerse al frente del Ateneo Libertario y para crear las Juventudes Libertarias en la localidad. También pudo formar parte en la formación del Comité de Enlace del Frente Popular y del Comité de Defensa local. Tan sólo estuvo unos pocos días en Almagro. Volvió a La Roda donde probablemente permaneció participando en la organización de la retaguardia rodense. A finales de septiembre de 1936 vuelve a Almagro y entonces es cuando, dada su experiencia en el molino de tierra blanca de su familia en La Roda, se hace cargo de la Fábrica de Harinas incautada en Almagro como directivo principal o administrador. En adelante también ocupará cargos importantes en la CNT local. Así mismo, fue concejal y alcalde interino de manera intermitente desde diciembre de 1936 hasta el final de la guerra.
Desconociendo si intentó una posible huida del país, el 10 de mayo de 1939 ya se encuentra detenido en la Prisión Central de Ocaña (Toledo). Un mes después se daba inicio en Almagro al “juicio” instruido contra Millán Carrasco, de 52 años por aquél entonces. Sin ninguna prueba, las denuncias presentadas le acusan de ser responsable directo de la muerte de dos individuos y de instigar el asesinato de otras “personas de orden” de la localidad. En una de las denuncias se llega a especificar que las personas que se hicieron cargo de la dirección del pueblo en defensa de la República, dado los cargos que ostentaron, debían ser “depurados como exige el momento actual”. En su defensa, el párroco-arcipreste de La Roda, Victoriano Castillo, envió un aval, refrendado a su vez por el nuevo alcalde rodense, Job Escobar, para evitar una condena a muerte del encartado. En efecto, el cura de La Roda pudo salvar su vida gracias a la intervención de Millán. De igual manera Millán había participado en La Roda en la fundación de la CNT local. En el aval se explica cómo gracias a la creación de este sindicato, cientos de derechistas rodenses pudieron escapar de la represión de retaguardia.
Sin embargo, a pesar de tratarse de un aval de peso, en absoluto fue tenido en cuenta a la hora de emitir sentencia o en un posible indulto. Se le acusó de adhesión a la rebelión militar con agravante de peligrosidad. Se le impuso la pena de muerte y fue ejecutado el 25 de noviembre de 1939 en el cementerio civil de Almagro, popularmente conocido como «el corral de los desgraciados». En mayo de 2021 sus restos han vuelto a ver la luz, su vida rememorada y su memoria, honrada.
Millán, descanse en paz.
| Millán Carrasco |
martes, 6 de abril de 2021
Presentación del libro II República y Guerra Civil en La Roda, Albacete (1931-1939)
El pasado viernes 26 de marzo de 2021 presenté en el Auditorio de la Casa de la Cultura de La Roda el libro prologado por Ángel Viñas y titulado II República y Guerra Civil en La Roda, Albacete (1931-1939). Sentados junto a mí estuvieron Antonio Selva, director del Instituto de Estudios Albacetenses y Juan Ramón Amores, alcalde de La Roda. A ambos les agradezco profundamente su asistencia en ese día tan importante para mí y para el pueblo de La Roda, porque como dije: “hasta la fecha no se sabía prácticamente nada o nada se había escrito sobre este periodo de nuestra historia más reciente, dramático y lamentable, pero también muy prodigioso desde un punto de vista histórico”.
A continuación realizaré una breve reseña sobre la presentación para que quede constancia y también para que los que no pudieron asistir, se hagan una ligera idea de lo que allí se habló. En efecto, eché de menos a algunos amigos y colegas que, dadas las restricciones sanitarias, no pudieron venir.
Comencé hablando de mi interés por esta temática remontándome incluso a mi infancia, cuando mi abuela Carmen me hablaba de la placa de los Caídos que todavía luce en la fachada de la Iglesia del Salvador (privilegio que tiene los días contados), o cuando un día que la acompañé al Cementerio, me habló de las personas que allí mataron (sus restos descansan en varias fosas comunes) y de los impactos de bala en la tapia. A mí todo esto me asombraba, pero no lo entendía. De hecho, pasé por la enseñanza obligatoria sin aprender casi nada sobre el periodo hasta llegar a la Universidad. Y esto no fue casualidad.
Pasar por la enseñanza obligatoria sin aprender casi nada sobre el periodo, no fue casualidad. En la presentación no me extendí en este punto pero sí que quisiera dejar constancia en estas líneas sobre la importancia que tiene esta observación. Y es que la Ley de Amnistía de 1977 nos obligó a olvidar a la sociedad española. Se impuso el olvido y yo, como el resto de jóvenes que pasamos por la enseñanza obligatoria, salimos de la misma sin apenas estudiar este importante periodo de nuestra historia. Sin embargo, con tan solo 11 añitos me llevaron a visitar el Valle de los Caídos desde un colegio que se llamaba nada más y nada menos que Jose Antonio, en honor al líder del fascismo español.
Pienso que es lamentable que sucesivas generaciones de españoles hayamos salido del sistema educativo ignorando nuestro pasado reciente o sin entender la lucha por la democracia o el papel de los fascismos en el siglo XX. Se ha podido investigar. Eso es cierto. Ha habido una intensa renovación historiográfica pero finalmente se impuso un relato: el relato de los vencedores. Rebatir este relato es muy difícil porque verdaderamente lo dejaron todo “atado y bien atado”. Y estas son las razones por las que al principio de la presentación explicaba que no fue casualidad. No fue casualidad que hubiera salido del sistema educativo español sin saber prácticamente nada sobre este periodo.
Continuando con el contenido de la presentación, seguí hablando sobre la curiosidad que siempre despertó en mí la comprensión del drama de la guerra civil. Y así fue como, junto a mi amigo Paco, comencé a buscar información sobre el supuesto paso de las Brigadas Internacionales por nuestro pueblo. Personas del ámbito cultural local me llegaron a decir que aquí no habían llegado brigadistas pero, para nuestra sorpresa, dimos con mucha información. Incluso llegamos a localizar dos textos de dos combatientes internacionales que escribieron sus experiencias a su paso por La Roda. Se trataba del belga Nick Gillain y del británico John Sommerfield.
Seguí interesándome por aspectos concretos sobre la guerra civil en nuestro pueblo, como el estudio de la represión franquista debido, como decía, a la existencia de varias fosas comunes en el Cementerio. Finalmente, iba descubriendo tantas cosas que allá por 2014 me planteé el estudio de este periodo de manera sistemática y profesional. Junto a la visita a multitud de archivos en busca de fuentes documentales, comencé a leer toda la bibliografía sobre guerra civil en la provincia de Albacete y también bibliografía de carácter más general. Diseñé un blog, primero en Blogger y posteriormente en WordPress y ahí comencé a publicar todos los artículos que iba escribiendo.
Simultáneamente me puse en contacto con muchas personas. Tampoco quise extenderme en todos los contactos que he mantenido durante todo este tiempo, pero realicé un pequeño esbozo de las personas a las que contacté: profesores de historia contemporánea de la UCLM, algunos políticos de la transición, con asociaciones de memoria histórica, con historiadores y expertos en esta materia de La Roda, con el Instituto de Estudios Albacetenses, con familias descendientes de represaliados rodenses, etc. También destaqué la inmensa fortuna que tuve de poder entrevistarme con dos testigos directos de la guerra civil. Igualmente volví a reiterar el profundo agradecimiento que siento hacia Ángel Viñas por la realización del prólogo del libro. En último lugar, como no podía ser de otra manera, no pude dejar de agradecer la ayuda y el apoyo que a lo largo de este estos años he recibido por parte de Pascual Honrubia y Roger Cortijo.
Sobre la búsqueda y estudio de los vestigios documentales, destaqué que las fuentes primarias más importantes para el desarrollo de este trabajo fueron (resumiendo mucho): las Actas de Plenos del Ayuntamiento de La Roda, los expedientes de los Consejos de guerra franquistas y también la documentación del Comité de Enlace del Frente Popular de La Roda. Respecto a este conjunto documental, aludí a que en su día se perdió de manera rocambolesca (como casi siempre). Pero antes de que esto sucediera, Antonio Selva lo tuvo en sus manos y lo pudo fotocopiar. Gracias a ello, pude tener acceso a esta valiosísima fuente de información.
A continuación introduje una breve pincelada sobre teoría y metodología de la historiografía, de mi labor como historiadora o escribiente de la historia y una breve conclusión sobre los peligros de los usos públicos de la historia, un concepto más que trillado desde el siglo XIX por multitud de filósofos e historiadores del ámbito occidental. Destaqué que intenté ser lo más imparcial y objetiva posible a la hora de reconstruir nuestro pasado, partiendo de la realidad innegable de que nuestro presente nos condiciona sobre todo porque todos tenemos una ideología previa. Todos interpretamos la realidad y, por tanto, el pasado, en función de unos esquemas y valores previos. Esto es más difícil cuando abordamos un pasado que ya no existe y del que tan solo quedan pequeños fragmentos, generados bajo las más variopintas circunstancias, en este caso concreto, en un contexto bélico. Es decir, los documentos a los que tuve acceso están totalmente politizados.
Lo que se cuenta en el libro procede de las referencias bibliográficas sobre la Roda, que son muy pocas. La gran mayoría de la información procede de lo que encontré en los documentos, que son muchos, muchísimos. Los datos están ahí, en los documentos, pero resulta que éstos obviamente no hablan por sí mismos. Por tanto, yo he interpretado y explicado la información que han aportado las distintas fuentes o documentos. Y como dije en la presentación, esto fue precisamente lo más complicado. Para entender hay que pasar de lo disperso y complejo a lo simple y para ello, hay que sintetizar. Porque para entender hay que hacer síntesis. Si no hacemos esto, la historia no se entiende. Y de lo que se trata es de que entendamos. De comprender lo que sucedió, por qué sucedió y algunas de sus consecuencias.
Evidentemente esta no ha sido una labor inocente. Al fin y al cabo, se trata de ser profesionales y honestos, y de no forzar el pasado desde el presente. En este sentido, yo ni he ocultado ni manipulado datos en ningún momento. Habrá cosas que gusten más, cosas que gusten menos. Pero serán cosas que sucedieron, para bien o para mal, le guste a quien le guste, le pese a quien le pese. A esto hemos de añadir que no será una imagen completa del pasado ya que en la reconstrucción del mismo hay muchas lagunas. Debido a que las fuentes no están completas, habrá aspectos del pasado que siempre permanecerán ocultos o en el terreno de la especulación.
Sobre el contenido, no quise extenderme mucho porque nada más que recurriendo al índice del libro, y sobre todo leyéndolo, se puede comprender perfectamente la estructura y contenido del mismo. En cualquier caso, el libro quedó dividido en dos grandes bloques, como no podía ser de otra forma: primera parte sobre II República y segunda parte sobre Guerra Civil. Sí que me gustaría dejar constancia de algunas conclusiones interesantes que podemos extraer de la lectura de ambos bloques.
Con respecto al periodo de la II República en La Roda, más allá del análisis extricto del contenido y de las reformas que se introducen durante el primer bienio, quise destacar la plasmación en el libro de todo tipo de conflictos que surgieron entre los distintos partidos, sindicatos y asociaciones políticas, y entre los distintos grupos sociales. Esto fue así porque al no tratarse de un régimen autoritario o totalitario, sino de un régimen profundamente democrático, donde casi durante todo el periodo hubo libertad de expresión, el enfrentamiento abierto entre los distintos grupos fue una realidad constante. A ello debemos añadir que el contexto histórico no era nada propicio para la consolidación de auténticas democracias en la Europa de entreguerras.
Por otra parte, en La Roda hubo un fuerte arraigo del fenómeno del caciquismo. Aunque se luchó por acabar con las viejas corruptelas electorales, éstas subsistieron. De hecho, los procesos electorales durante el periodo estuvieron llenos de anomalías: desde el principio mismo de la proclamación de la República, con la aplicación del polémico artículo 29 de la Ley electoral (en La Roda no se celebraron las elecciones de abril de 1931 que trajeron la República porque se nombró un Consistorio monárquico en virtud del artículo 29) u otras irregularidades como la sucesiva suspensión de consistorios por orden de los gobernadores civiles.
La Roda también constituyó un ejemplo paradigmático en el conjunto de la nación ya que, a pesar de tratarse de un núcleo urbano en aquella época (donde solían ganar opciones de izquierdas), siempre ganaron corrientes conservadoras, de derechas, incluso en las elecciones de febrero de 1936.
En adelante me extendí en el análisis de los distintos grupos políticos que protagonizaron el enfrentamiento desde la proclamación de la República sobre todo por los extremos, destacando también que no hubo violencia física antes del golpe de Estado de julio de 1936. Dicho enfrentamiento estuvo representado por un lado por los monárquicos antidemócratas y antirrepublicanos (que nunca aceptaron el nuevo régimen) y, por otro lado, por la extrema izquierda: por el anarco-sindicalismo a nivel nacional, y en La Roda por el sindicalismo de corte socialista, es decir, por UGT (que siempre consideraron las reformas lentas e insuficientes). En la Roda no hubo anarquismo hasta septiembre de 1936, fecha de aparición de la CNT local con la peculiaridad de que se constituye para proteger a personas de derechas.
Sobre el Partido Comunista, me gustó mucho dejar bien claro que el PC apareció por primera vez en La Roda en agosto de 1936 y que en España su papel fue insignificante hasta el inicio de la guerra. Quise decir con esto que cuando los militares golpistas y los historiadores y propagandistas del régimen justificaron la insurrección para acabar con la oleada de comunismo que estaba asolando el país o con la conspiración judeo-masónica-bolchevique (al loro con esto), hemos de ser conscientes de que nos encontramos frente a una falacia histórica de primera magnitud. El Partido Comunista en España antes de la guerra fue prácticamente inexistente. La revolución comunista que los sublevados tanto temían la provocaron con el golpe de Estado. Posteriormente sí que se producirá un desarrollo espectacular del PC en suelo español debido a que la única ayuda algo significativa y para nada gratuita que recibió el régimen republicano para su defensa fue de la URSS. La ayuda que los conspiradores recibieron del Tercer Reich o de la Italia fascista de Musolinni fue infinitamente superior cualitativa y cuantitativamente. El silencio de las grandes democracias occidentales, de Francia, Inglaterra y EEUU también condicionó de manera decisiva, la evolución, desarrollo y resultado final del conflicto.
Sobre Falange, el partido fascista español, introduje que en 1935 ya hay datos de su existencia en La Roda. Muchos políticos conservadores, sobre todo los católicos de la CEDA se vieron atraídos por él, ingresando en sus filas. Sin embargo, el mayor protagonismo en Falange lo tuvieron los sectores juveniles, en su mayor parte hijos de diferentes políticos conservadores del periodo. Ellos protagonizaron el golpe de Estado en la Roda, junto a los monárquicos y la Guardia Civil.
En medio de este tinglado se encontraba el mundo de los partidos republicanos, de los grupos que trajeron la II República. Se trató en efecto de gentes ilustradas, moderados, reformistas, católicos, etc. En ningún caso revolucionarios. Estuvieron a medio camino entre los extremos, a los que se tuvieron que enfrentar indistintamente. De hecho, debido a la intensa oposición de UGT a las políticas republicanas, en mayo de 1936 la coalición de gobierno (concretamente de Izquierda Republicana y PSOE) estalla por los aires, llevando al colapso al Consistorio local.
Está claro que anarquistas (en el ámbito nacional) y socialistas radicalizados (concretamente en La Roda) influyeron en el derrumbe del proyecto republicano, pero quienes finalmente acabaron con la II República, fueron aquellos que protagonizaron el golpe de Estado de julio de 1936, generando una cruenta guerra civil de casi 3 años de duración. Y no era la primera vez que lo intentaban. En agosto de 1932 la sublevación militar protagonizada por Sanjurjo no dio sus frutos. Hubieron de esperar 4 años más para ver cumplidos sus deseos de acabar con la democracia española.
También destaqué con insistencia que la Guerra Civil española no comenzó en octubre del 34 ni en febrero del 36. Es inquietante que gente con estudios universitarios (y de la rama de humanidades para más inri) te digan que la guerra civil comenzó en octubre del 34. En octubre del 34 se produjo una HUELGA GENERAL REVOLUCIONARIA que fue duramente sofocada por orden de las autoridades republicanas. Hemos de llamar a las cosas por su nombre. Por otra parte, en febrero del 36 hubo unas ELECCIONES DEMOCRÁTICAS, donde pese a las anomalías, ganó el Frente Popular, cosa que las derechas nunca quisieron aceptar. De hecho, es a partir de este momento, de febrero del 36, cuando comienza a gestarse de manera más efectiva el GOLPE DE ESTADO que culmina el 18 de julio de 1936, ni antes, ni después.
Introduciendo la parte sobre guerra civil, a continuación destaqué que la conspiración militar en La Roda fue todo un éxito. Como analizó Ángel Viñas en su penúltimo libro, ¿quiénes quisieron la guerra civil? Desde luego que, en La Roda, como en el resto del país, la conspiración fue organizada por los sectores monárquicos, apoyados por el fascismo o Falange Española, a pesar de sus diferencias. Esta conspiración de naturaleza estrictamente política tuvo un brazo ejecutor que fue una pequeña parte del Ejército español, incluyendo aquí obviamente a la Guardia Civil.
Durante toda una semana los insurrectos controlaron el pueblo, hasta que la provincia cayó en manos republicanas, después de esta semana de intensos combates y bombardeos en Albacete capital. Es importante destacar también que los rebeldes no iniciaron ninguna matanza en La Roda durante esta semana, a diferencia de lo que sus homólogos estaban haciendo en otros puntos de España en los que triunfó la sublevación.
Sin embargo, la insurrección monárquico-fascista-militar finalmente fracasó porque los rebeldes no consiguieron su objetivo. Se produjo una división de las fuerzas armadas y al Estado español ya le fue imposible controlar el orden público. De inmediato se inició una oleada de violencia y un desprecio por la vida sin precedentes en suelo español.
Dado el vacío de poderes que generó el golpe, el Ayuntamiento pasó a un segundo plano y, en el pueblo de la Roda, como en el resto del territorio republicano, una nueva autoridad se hizo con el poder: se trataba del pueblo en armas, organizado en un Comité, llamado Comité de Salud Pública, después conocido como Comité de Enlace del Frente Popular, que integró a todos los representantes de los distintos partidos, asociaciones y sindicatos de izquierdas de la localidad.
Por tanto, tenemos que aparte de la guerra, en la retaguardia republicana se dio inicio también a una salvaje y profunda revolución en todos los órdenes. Bajo las directrices del Comité revolucionario, se persiguió, detuvo e incluso asesinó a todos los que organizaron o participaron en la insurrección militar, incluidos miembros del clero. Sus posesiones fueron incautadas, y sus negocios y fincas, colectivizados.
Es decir, se acomete la persecución y eliminación radical de todas aquellas personas que quisieron la guerra. Se quiso borrar del mapa a estas personas y también el mundo que representaban o que los representaba, de ahí los ataques a la Iglesia. El modelo social de los insurrectos ya no tenía cabida en este escenario de guerra y revolución. Una guerra y una revolución que, y esto hay que decirlo alto y claro: sin el golpe de Estado, jamás se hubieran producido.
Continué hablando del contenido del libro hasta el fin de la guerra y la represión franquista para pasar finalmente a cerrar la presentación con una breve reflexión sobre la necesidad de hacer justicia y memoria históricas y sobre la importancia de conocer nuestro pasado. Hice hincapié en que no hay posibilidad de sanar o curar las heridas que se tapan, se esconden o se ocultan. No hay capacidad crítica sobre lo que no se conoce o mal-conoce.
Destaqué que debemos conocer nuestra historia para, entre otras cosas, saber diferenciar entre democracia y fascismo; o para diferenciar entre los profesionales que crean conocimiento con pruebas y fuentes documentales, de aquellos que hacen propaganda y emiten opiniones como si fueran verdades absolutas, incluso incitando al odio y al enfrentamiento (cosa por desgracia muy presente hoy día en las redes sociales); conocer nuestro pasado para saber de dónde venimos y por qué estamos donde estamos, ya que los derechos y libertades de los que gozamos actualmente, no nos han caído del cielo. Mucha gente quedó en el camino para que nosotros vivamos hoy como vivimos aun reconociendo la diversidad en las situaciones personales. En último término, destaqué que es importante conocer nuestro pasado, entre otras cosas, para entender que la violencia te lleva a un callejón sin salida, para la resolución pacífica de los conflictos y para evitar, en la medida de nuestras posibilidades, que vuelva a repetirse el drama de una guerra civil.
miércoles, 10 de marzo de 2021
Libro publicado
viernes, 17 de abril de 2020
Represión franquista vs. represión republicana
Con el fracaso del golpe de Estado asistimos a una explosión de violencia en territorio español que ya venía gestándose tiempo atrás. A la semana de haberse producido la sublevación, la provincia de Albacete, incluida La Roda, cae en manos republicanas hasta el final de la guerra. Este territorio se convierte de esta manera en zona de retaguardia permanente, sin frente. Será la razón fundamental que explique por qué la mayoría de muertes que se producen entre agosto y septiembre de 1936 son de personas de filiación política conservadora, de derechas, incluida la persecución a miembros del clero. En la retaguardia republicana es normal que no se produjeran muertes de civiles de izquierdas, a excepción de hechos puntuales como los bombardeos de la Legión Cóndor en Albacete (también en La Roda aunque sin víctimas). La ausencia de represión de derechas en la provincia durante la guerra marcará el imaginario colectivo, consolidado durante el Franquismo, y estigmatizando para siempre lo que ellos llamaron la furia roja, entre muchos otros calificativos.
Basándome en el estudio de Manuel Ortiz Heras “Violencia política en la II República y primer Franquismo”, voy a analizar brevemente las diferencias entre dos tipos de violencias muy diferentes entre sí: la que se produce en los territorios republicanos y aquélla del territorio franquista o nacional. Ya hemos publicado en algún medio digital un breve análisis con su correspondiente listado conteniendo los nombres de los fusilados en La Roda y Albacete al acabar la guerra civil. Esto bajo ningún concepto tiene por objetivo cuantificar quiénes mataron más; quiénes menos. Se trata de completar aquella parte de la historia que quedó oculta, soterrada y manipulada por la propaganda de los ideólogos franquistas. Por desgracia, el privilegio de escribir la historia está reservado solo a los vencedores. Después de casi cuarenta años de Dictadura, se construyó magistralmente un relato para nada acorde con la realidad. Simplificando mucho, podríamos decir que el Régimen franquista y la Causa nacional acabaron encarnando ideales de justicia, libertad y democracia social, mientras que la República democrática vencida por las armas, representó todo lo contrario. Paradójico cuanto menos.
No pretendo justificar por qué esto sucedió así, sino simplemente explicarlo brevemente y darlo a conocer, pues, como decía anteriormente, la historia la hacen los vencedores. Parece que casi nada ha cambiado a pesar del tiempo transcurrido. En primer lugar, es necesario saber diferenciar con claridad el Franquismo del Régimen republicano en términos de represión. Según Ortiz Heras, el primero utilizó la violencia de forma premeditada, echando mano de los recursos del Fascismo para llevar a cabo la función social de imponer un determinado modelo eliminando para ello los posibles obstáculos. La II República quiso controlar el monopolio de la violencia apenas recobrado el pulso a las instituciones después del vacío provocado en julio de 1936. Desde las instancias más altas del Estado, y también en el ámbito provincial de Albacete, se dieron expresas manifestaciones para evitar los asesinatos y la venganza, marginales con respecto al Estado y las instituciones republicanas. Se trató por todos los medios de poner fin a las manifestaciones espontáneas de violencia y represión por parte de determinados grupos a través de las sacas y los paseos. Los políticos en esta zona pronto intentaron restablecer el clima de vacío de poder provocado por los insurrectos con la creación de los Tribunales Populares, que ejercerán el monopolio de la violencia y la represión republicana a partir de finales de agosto de 1936. Toda esta explicación no son sólo ideas, está reflejada en los documentos que nos han llegado; es lo que vamos viendo en el trabajo de investigación histórica.
En el otro lado, el propio carácter de la insurrección le imprime una naturaleza ofensiva y estructural, ya que será organizada desde la cúpula. Será metódica y fría. Continuará después de la guerra y perdurará hasta 1975. En este sentido, las órdenes del General Mola, El Director, fueron claras y contundentes: “El movimiento ha de ser simultáneo en todas las guarniciones comprometidas y desde luego, de una gran violencia. Las vacilaciones no conducen más que al fracaso” (Directrices para Marruecos). “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo” (Planes generales para el alzamiento en Andalucía. Instrucción reservada número uno).
La represión franquista responde a crímenes contra la humanidad realizados durante la guerra y, lo que es peor, durante la postguerra una vez consolidado el Régimen. Con el fin de la guerra, no se buscó la paz, sino la derrota y la humillación total del enemigo; y así hasta el final de la Dictadura misma. El Franquismo se fundamentó en la victoria y en la aniquilación del adversario. Se creían los garantes de la unidad de España, mientras acusaban a la mitad de la población de anti-española, perpetuando la división entre vencedores y vencidos hasta la muerte de Franco.
Actualmente hay un intenso debate entre los historiadores sobre si la represión franquista fue un genocidio planificado, incluso un holocausto a la manera nazi. Evidentemente se planificó y se llevó a cabo la liquidación física del adversario político de manera sistemática y premeditada. Nos dicen que debemos ser más precisos a la hora de aplicar términos como el de genocidio u holocausto ya que, desde el punto de vista del Derecho español, la represión franquista no se encuadra dentro de estos supuestos. Pero lo que está claro es que, más allá de los números (que importan, y mucho), la realidad de la represión del bando vencedor responde sin lugar a dudas a la idea de genocidio. Debemos ser conscientes de que las trabas jurídicas en España vienen del pacto de silencio; de aquella Ley de Amnistía de 1977. Ésta es una de las razones que explican que en España los genocidas del Estado franquista se fueran de rositas; también explica que los historiadores seamos criticados cuando hablamos de genocidio franquista. No se trata de teorías o hipótesis, sino de hechos registrados y contrastados en multitud de documentos, testimonios e investigaciones. A pesar del miedo, del terror y de la destrucción de archivos, por fortuna conservamos miles de vestigios que demuestran la realidad del genocidio español.
viernes, 11 de octubre de 2019
Cuando cambiar una momia de sitio no es suficiente
jueves, 21 de agosto de 2014
23 de agosto
Antes de continuar con los avatares previos a la Guerra Civil en nuestro pueblo, daremos un pequeño salto hacia adelante, concretamente a julio de 1936. Sabemos que la situación no era nada halagüeña, ni por aquí, ni allende los Pirineos. A este lado de la cordillera, un débil régimen democrático sucumbe al poder político y económico de una minoría que se alza violentamente en armas contra su pueblo. No estaban dispuestos a compartir su omnipotente poderío. El gobierno legal, tras una serie de fatales tituveos, decide plantar cara a ese puñado de militares insurrectos, desencadenándose inmediatamente una cruenta guerra civil. Con el apoyo casi inmediato de la Alemania nazi, la Italia de Benito Mussolinni, el Portugal de Salazar y la complicidad de países como Inglaterra o Estados Unidos, la suerte de esta minoría quedaba bendecida desde el principio.
Tras la sublevación de las guarniciones de Marruecos, el 19 de julio se producía la entrega del Ayuntamiento de La Roda a la Guardia Civil, afecta al movimiento subversivo, permaneciendo así la situación hasta el 25 de julio, fatídico día de Santiago para las hordas nacionales. Durante esta semana facciosa, regueros de sangre habían comenzado a inundar las calles y plazas de nuestro país. Por falta de tiempo, en nuestro pueblo no hubieron matanzas al estilo andaluz, aunque los cabecillas del golpe, bien se guardaron de encarcelar y apalear a todo aquél significado con la izquierda. Sin la traición militar, la masacre, que estaba por llegar, nunca hubiera acontecido.
Algunas voces, voces provenientes de décadas de propaganda franquista, ecos de historias contadas a la mesa de las familias de orden, procedentes de creencias infundadas, en muchas ocasiones cargadas de odio, mentira y rencor, algunas voces digo, se encargaron de propagar diversos falsos mitos, entre ellos, que la canalla roja ya había matado en nuestro pueblo antes de la guerra. Y esta es una de las razones, señores y señoras, con la que muchos de nuestros convecinos justifican el alzamiento y la guerra. Es la respuesta a la estúpida pregunta de: ¿quién empezó a matar? ¿usted o yo? ¿usted que ataca o yo que me defiendo? No voy a negar que se trata de un debate maniqueo e ideológico que nos empuja a un callejón sin salida.
El primer asesinato que nos consta en La Roda se produce a fecha de 27 de julio. Se trataba de Pascual, de 27 años, de la familia Cadenas Rodríguez de Vera. Muere abatido a tiros cerca del Monolito poco después de haber descendido del tren que lo traía de Madrid, donde estudiaba. Las circunstancias bélicas hicieron que efectivamente fuese la canalla roja la protagonista de este primer asalto en nuestro pueblo. Sin pretender justificar lo injustificable, es decir, el vil y cobarde asesinato, he de recordar que algunos se habían sublevado originando así un vacío de poder y una despiadada guerra sobre todo en sus primeros momentos. Podría aportar datos completos de cómo sucedió todo con respecto al asesinato de Pascual Cadenas, pues los vencedores bien se encargaron de investigar minuciosamente la muerte de sus caídos. Pero dado que el propósito de estas líneas es otro, completar los pormenores de esta primera víctima, me lo reservo para después.
A continuación se producen más muertes, como la de los hermanos de Pascual, César y Leopoldo Cadenas. El 12 de agosto se encuentra el cadáver del fraile Pascual Parreño en la finca de Santa Marta. Dicen que de su cuerpo enterrado tan solo asomaba el brazo con el puño cerrado. Al día siguiente se hallan los cadáveres de los sacerdotes José Collado Ballesteros y de Jose María Herreros Alcaraz. El 23 de agosto se producía la fatídica saca de 77 presos de la cárcel y de la Iglesia, siendo los siguientes 24 fusilados en Quintanar de la Orden:
Los cuerpos de estas personas fueron exhumados en Quintanar una vez acabada la guerra y enterrados en la cripta de la Iglesia de El Salvador. Posteriormente se les dedicó la placa que luce en la fachada principal del templo. Tanto sus cuerpos como su memoria vienen siendo honradas desde entonces año tras año. Hasta incluso en los libros del Juzgado municipal aparecen descripciones grandilocuentes en el momento de ser registradas las víctimas, con el añadido final que todos conocemos: caídos por Dios y por España. El próximo 23 de agosto se celebrará nuevamente una misa en su recuerdo.
En primer lugar, me gustaría dejar claro que mi intención no es censurar el homenaje al recuerdo de las victimas, ni este caso, ni en ningún otro. Los descendientes de aquéllos que murieron vilmente asesinados están en todo su derecho de recordar y homenajear a sus muertos de la manera que consideren oportuna. Lo que resulta incomprensible es que estas personas y los poderes públicos que los amparan son precisamente los que se niegan a aplicar en su justa medida los términos de la Ley de Memoria Histórica, alegando paradójicamente que no están dispuestos a abrir heridas. Es decir, ellos pueden tener a sus muertos enterrados bajo la Iglesia y hacer misas y homenajes en su recuerdo. Mientras tanto, tenemos cientos de fosas comunes en nuestro país llenas de cientos de miles de cuerpos amontonados y a muchas de sus familias pidiendo una exhumación que casi nunca llega. Digo a muchas familias conscientemente, pues muchas otras no se han atrevido a solicitar una exhumación y sepultura dignas por la cultura del miedo y del silencio creados tras décadas de represión franquista; miedo que, como vemos y como yo misma he podido comprobar, por desgracia todavía persiste.
Una vez finalizada la guerra, frente a la tapia del Cementerio de La Roda fueron fusiladas un total de 45 personas, la mayoría de ellas de La Roda. En Albacete también fueron pasados por las armas 29 individuos más, de La Roda también. Un resultado de 74 personas cuyos cuerpos todavía yacen amontonados y sin posibilidad de ser exhumados, no vaya a ser que se abran viejas heridas. Y a continuación te preguntas: ¿cuándo y de qué manera se cerraron aquellas heridas? o ¿acaso alguna vez estuvieron cerradas?. Mientras tanto, aquellos que prudentemente se niegan a la apertura de heridas, aquellos que dejaron todo atado y bien atado, el próximo 23 de agosto celebrarán nueva misa en la Parroquia de El Salvador. Están en todo su derecho…
lunes, 14 de abril de 2014
Reforma agraria y Revolución campesina según E.Malefakis
Antes de ver en qué consistió la Reforma Agraria en La Roda, vamos a analizar una de las mejores investigaciones realizadas sobre Reforma Agraria en la España de los años 30. Se trata del trabajo de Edward Malefakis titulado Reforma Agraria y revolución campesina en la España del siglo XX. Teniendo como referentes a Pascual Carrión y a Juan José Linz, Malefakis publicaba esta obra por primera vez en Nueva York en 1970. Al año siguiente se publicaría en nuestro país.
El libro se divide en dos partes. En la primera, el autor realiza un análisis sociológico de la distribución de la propiedad, de las formas de explotación y de la estructura de la sociedad rural en el sur de España. La segunda parte responde al modelo de la narración propiamente histórica, pasando a detallar los diferentes aspectos de la problemática agraria en nuestro país y a preguntarse sobre los porqués del fracaso de la reforma agraria y su vinculación con el origen de la Guerra Civil.
Con respecto al régimen de propiedad de la tierra en España, tras el análisis de multitud de datos y variables, que en ocasiones puede resultar ciertamente tedioso, Malefakis destaca el carácter poco equilibrado y con grandes disparidades regionales del mismo, lo cual no es nada nuevo. Divide a España en dos grandes zonas: en el tercio Sur, esto es, Andalucía, Extremadura y la Mancha, las grandes propiedades controlaban una proporción de superficie cultivada dos veces y media mayor que en el resto de España. Además, por lo que se refiere a la Mancha, nos viene a demostrar que geográficamente esta región es la menos favorecida de las grandes zonas de la España árida no irrigada. Y aun siendo el trigo su cosecha más importante, los rendimientos eran bajos e inestables. No obstante, el predominio del latifundio aquí no será tan importante como en Extremadura o Andalucía. Excepción hecha de la Mancha, todas las regiones del Sur tuvieron buenos rendimientos.
La razón que explica estas diferencias no será un condicionante de tipo climático-geográfico, sobre todo teniendo en cuenta la fertilidad de las tierras andaluzas, sino de tipo histórico o humano. Malefakis se refiere concretamente a las transformaciones de las relaciones de propiedad que tras las desamortizaciones del siglo XIX tan sólo favorecieron a los poderosos. Con ello, el autor no se refiere ni a las propiedades de la Iglesia ni de la nobleza, las cuales se habían visto bastante mermadas durante la desamortización, aunque todavía fuesen gigantescos terratenientes.
La inmensa mayoría de la tierra en poder de los grandes propietarios pertenecía a individuos sin títulos nobiliarios. Malefakis habla de una nueva clase de propietarios burgueses, descendientes de familias que habían comprado tierras a raíz de la desamortización y amasado grandes fortunas. Esta nueva burguesía con posterioridad fue adquiriendo títulos de nobleza. El autor demuestra cómo la concepción popular sobre las propiedades rústicas de la Iglesia carecía de fundamento. Incluso la opinión general sobre la fuerza de la nobleza en el campo era notablemente exagerada. Muchos españoles se equivocaron al identificar a la clase rural dominante, que no era otra que una nueva clase de propietarios burgueses, plenamente integrados, por cierto, en la estructura política del país. Esto explicará en buena medida el porqué del fracaso de la reforma agraria. Uno de los aspectos más desfavorables e incomprensibles de la nueva ley será el relativo a los ruedos y arrendamientos, que afectó a un elevadísimo número de pequeños y medianos propietarios en el Sur de España. Éste junto a otros errores, la radicalización de anarcosindicalistas y socialistas por un lado, y de la clase terrateniente y católica por otro, la ambigüedad y lentitud con que el primer gobierno republicano emprendió la reforma agraria, serán factores decisivos explicativos de este fracaso.
El carácter moderado y burgúes de este gobierno quedó de manifiesto en muchos aspectos, como cuando el mismo Azaña decía a principios de 1933 que “el ritmo de aplicación de la ley agraria dependerá del estado de las finanzas”. Lo prioritario serían las finanzas, y no la necesidad de establecer a los campesinos. De esta manera, por poner un ejemplo, la ley había puesto un límite inferior de cincuenta millones de pesetas, algo más de un uno por ciento del presupuesto estatal, menos de la mitad de la suma destinada a la Guardia Civil.
No queriendo culpar exclusivamente al gobierno de Azaña, concluiré esta breve síntesis diciendo que nos encontramos todavía frente a un Estado burgués, defensor de la propiedad privada, más preocupado en la práctica por el orden, que por materializar sus teorías sobre una sociedad más justa y más democrática. Esta falta de interés profundo, esta contradicción interna, ha de considerarse como la causa fundamental de la mala administración de la ley agraria. Tanto los republicanos de izquierda y en ocasiones hasta los propios socialistas, se mostraron paralizados en los asuntos del campo. Si el gobierno se hubiera mostrado dispuesto y capaz para actuar con energía, la reforma hubiera podido ser un éxito. Todo estaba a punto para una auténtica puesta en práctica de la reforma, pero tras dos años de gobierno, hacia el verano de 1933, la caída del gobierno Azaña estaba a la vuelta de la esquina.
La conclusión que Malefakis aporta sobre el fracaso de la reforma no puede ser otra que la incompatibilidad de las dos grandes fuerzas integrantes de la coalición de Azaña: socialistas y republicanos de izquierdas. Si hubieran tenido un programa de acción conjunta, la reforma no habría tenido un comienzo tan lento e ineficaz, aún teniendo en cuenta los fuertes movimientos de oposición a la reforma. Sin embargo, apunta, “la República probablemente habría fracasado bajo la mejor dirección posible porque las circunstancias en que funcionó fueron muy poco propicias y los problemas con que se enfrentó, muy complejos”.
En adelante analizaremos la Reforma Agraria en La Roda, que no pasó de la realización del Inventario de la Propiedad Expropiable y del censo de campesinos. Sin ya tener nada que ver con la Reforma, tras la sublevación militar, en el contexto de guerra, se procederá a la incautación y colectivización de numerosas fincas.
domingo, 26 de enero de 2014
Cartel de la Segunda República Española
A lo largo del siglo XIX, con la construcción de los nuevos Estados-nación, surge una simbología que intenta promocionar una determinada imagen de los nuevos Estados nacientes al calor de las revoluciones liberales. Son símbolos referentes sobre todo a la identidad nacional, que favorecen la cohesión social y el sentido de pertenencia, como la bandera, el escudo, el himno y otros elementos. Puesto que una de las primeras medidas de la Segunda República será la adopción de nuevos símbolos nacionales, a continuación veremos un cartel alegórico de la época.
Se recuperaba el diseño del escudo de España aprobado en 1868 por el Gobierno provisional instaurado tras el derrocamiento de Isabel II. Además, el gobierno de 1931 también se inspiraría en otros emblemas tradicionales de la proclamación de la Primera República, como por ejemplo, en su figura principal: una mujer joven, alada, tocada con un gorro frigio y vestida con una túnica roja que deja un pecho al descubierto. Su mano derecha se apoya en una lápida con una inscripción que dice «LEY. RF», mientras que su mano izquierda sostiene una balanza. Una mujer vestida con una túnica roja, al estilo de una matrona romana, era una imagen habitual para representar a España en las pinturas alegóricas del Renacimiento y del Barroco. El detalle del pecho descubierto se relaciona con la práctica de alimentar a sus pobladores, considerados como hijos de la patria. Las alas son un símbolo de la victoria tomado de la escultura clásica, al igual que las hojas de laurel que asoman por encima de su cabeza. La balanza es un símbolo tradicional de la Justicia que se le presupone a cualquier poder político. El gorro frigio, aunque de origen clásico, constituye un símbolo de la libertad, de la razón y del republicanismo que fue muy difundido durante la Revolución Francesa. Otros símbolos que aparecen en esta alegoría de la Primera República es el gallo, símbolo de vigilancia, del despertar a una nueva era y de combatividad.
Esta imagen de España como “La Niña Bonita” alcanzó tanto éxito que fue reeditada muchos años después como emblema de la Segunda República aprobado, junto a otras enseñas oficiales, por Decreto de 27 de abril de 1931. Aunque existen diversas variantes iconográficas de esta alegoría, en general el mensaje se sintetizó, aligerando su simbología e introduciendo pequeñas modificaciones como la bandera tricolor, sustituyendo la franja inferior roja por otra de color morado; o el león, que sustituyó al gallo para evitar el chiste de los monárquicos recalcitrantes que decían que la República “era más puta que las gallinas”; por cierto crítica fácil bien característica de una mentalidad machista y retrógrada propia del pensamiento más conservador. La túnica roja en este caso desaparece y en su lugar figura una única prenda, que es el camisón blanco que viste debajo. Paradójicamente, tanto el morado de la bandera como el león venían siendo símbolos asociados a la monarquía española desde antiguo. Para evitar la confusión, la propaganda republicana procuró dotarlos de un nuevo significado acorde con su ideario, interpretando el morado con el color utilizado por los Comuneros de Castilla y el león como símbolo de la fuerza del pueblo español, o de la Ley, ambos representados en las Cortes.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Por qué este blog
A fecha de hoy ya han transcurrido más de 80 años desde que oficialmente se diera por concluida la guerra civil española. Era un 1 de abril de 1939. Después de casi 40 años de dictadura y otros tantos de democracia, todavía no sabemos cómo, por qué o, simplemente, qué sucedió en La Roda durante estos trágicos años. Muchas han sido las investigaciones, trabajos y publicaciones de diferentes tipologías, incluidas películas y documentales, que sobre este periodo han salido a la luz en la provincia de Albacete. Sin embargo, es en el ámbito local, concretamente en La Roda, donde podemos constatar de manera más llamativa el desconocimiento que se tiene sobre este traumático, a la vez que interesante, episodio de nuestra historia más reciente.
A pesar de las lagunas existentes, el conocimiento que de la II República y la guerra civil española tenemos en la provincia de Albacete desde los años noventa comienza a ser importante. La labor que el Instituto de Estudios Albacetenses viene realizando en este sentido ha sido decisiva en la multiplicación de publicaciones científicas de gran calidad relacionadas con este periodo. Actualmente disponemos de un considerable repertorio de trabajos publicados, de mayor o menor extensión, de tipo monográfico, temático, local, etc. realizado por historiadores, profesionales y eruditos interesados en la vida e historia locales, fundamental y bastante completo a la hora de realizar una primera aproximación e incluso para profundizar en esta materia.
Pero como decía, lo que sabemos sobre este periodo en el municipio de La Roda, uno de los enclaves más importantes en la provincia de Albacete, es prácticamente nulo. No obstante la documentación y los testimonios existentes, junto a la aparición de algún artículo esporádico en medios digitales, ningún trabajo de investigación ha sido realizado ni mucho menos publicado con respecto a la II República y la Guerra Civil en La Roda. La ausencia de estudios en esta localidad contrasta con la existencia de investigaciones y monografías centradas en otros municipios de la provincia como Almansa, Hellín o Yeste. Para tener una visión más completa de la provincia de Albacete durante este periodo es necesario extender la investigación a otros enclaves fundamentales como por ejemplo, La Roda. Y no solo por su importancia geográfica o demográfica, sino también porque integrar el caso de este municipio aportará, además de una visión de conjunto más completa, nuevos y/o diferentes paradigmas debido, sobre todo, a su carácter conservador desde un punto de vista político, a pesar de tratarse de un centro que podemos considerar urbano con más de 10.000 habitantes según el censo de población de 1930. Efectivamente se trataba ya de un importante núcleo urbano, aunque eminentemente agrario, con predominio del latifundio y políticamente conservador controlado, junto a toda la comarca de la Mancha del noroeste, por las redes caciquiles de los Jiménez de Córdoba y de Pedro Acacio Sandoval.
La Roda actualmente cuenta con aproximadamente 15.500 habitantes, siendo el quinto municipio más poblado de la provincia detrás de Albacete capital, Hellín, Villarrobledo y Almansa. Además de ser uno de los centros urbanos más importantes de la provincia desde un punto de vista demográfico, La Roda, ya desde la época romana, siempre ha gozado de una posición estratégica en las vías de comunicación que unen el centro y el levante peninsular. Este municipio también es el Partido Judicial n.º 6 de la provincia de Albacete. Se trata de una dinámica población, todavía de tradición agrícola, aunque su actividad económica ha pasado en pocos años a centrarse en el sector industrial y de servicios.
Dada mi formación en historia y mi evolución profesional en el mundo de los archivos, en 2014 decidí adentrarme en aguas turbulentas y dedicarme al estudio de la II República y de la Guerra Civil en La Roda. Comencé centrándome en el análisis pormenorizado de este periodo histórico, accediendo a buena parte de la extensa bibliografía existente sobre el mismo. A la vez, emprendí la ingente tarea de recopilación de datos recurriendo a todo tipo de fuentes que me ofrecían los distintos archivos públicos que visité. De manera simultánea me puse en contacto con muchas personas del ámbito de la docencia y de la investigación, con historiadores y eruditos locales expertos en esta materia, con algunas asociaciones de memoria histórica, con determinados políticos de la transición y, por supuesto, con muchas familias descendientes de represaliados de La Roda. Los encuentros, entrevistas y contactos que he mantenido con todas y cada una de las personas que he conocido han sido decisivos para abordar convenientemente este periodo de la historia rodense. Todas ellas me han inyectado buenas dosis de ánimo, perspectiva y sugerencias, aparte de haberme ayudado a enriquecer enormemente mi visión y comprensión sobre la tragedia de la guerra en La Roda.
Con respecto al formato de este trabajo, su origen está en una serie de artículos que comencé escribiendo de manera aislada, por temáticas concretas y que fui publicando en este blog. A lo largo de la investigación y estudio, siempre me resultó difícil establecer límites entre el marco nacional y el local; aunque lo cierto es que, sin explicar el contexto general, no se puede entender el particular. En todo momento fui consciente de que, tratándose de un trabajo en historia local, no debía andarme en exceso por las ramas con cuestiones de contextualización más amplia, menos todavía del ámbito europeo y/o internacional, aun siendo estos tan decisivos como el nacional. Además, como la bibliografía sobre la guerra civil española es tan extensa, el lector puede acudir a ella en cualquier momento. Al fin y al cabo, la historia de la II República y la Guerra Civil en La Roda no podía acabar convirtiéndose en un Leviatán, o al menos, no era el caso. Por ello decidí optar por un discurso bien contextualizado en la medida de lo posible, pero más ameno y sencillo, descriptivo de los hechos, sucesos y/o acontecimientos; priorizando estos frente a la interpretación ideológica e historiográfica, que la hay, aunque convenientemente fundamentada, y de igual manera moderada en extensión y contenido.
La estructura de este trabajo contempla dos partes bien diferenciadas en su planteamiento, de aproximadamente la misma extensión, aunque a la vez presenta una unidad de conjunto. En la primera parte analizo el impacto que los acelerados cambios introducidos durante la Segunda República tuvieron en la localidad de la Roda, sin perder nunca, como decía, la perspectiva con respecto al país y al contexto europeo. Dichos cambios vienen presentados a través de un método descriptivo-narrativo de orden cronológico y agrupados por grandes temáticas: reformas políticas, sociales, económicas, culturales, educativas, etc. Las razones de estos cambios y las consecuencias de su aplicación en los diferentes colectivos no podían dejar de abordarse sin hacer síntesis. Como decía anteriormente, inseparable del análisis meramente descriptivo, está la interpretación y valoración de los hechos. Sin esta parte del quehacer epistemológico, el resultado final quedaría inconcluso. No podemos entender y comprender la complejidad de la realidad que estudiamos sin construir una imagen global del pasado. Los datos están ahí, en los documentos, pero resulta que obviamente, estos no hablan por sí mismos.
De igual manera, algunos se preguntarán por qué incluir el periodo de 1931 a 1936, el de la Segunda República. Aunque mi objetivo inicial era el estudio en exclusiva de la Guerra Civil en La Roda, finalmente llegué a la conclusión de que para una mejor comprensión de la misma, no podía eludir el periodo que la antecedía. Es decir, no podemos entender la sublevación militar y el estallido de la guerra si no conocemos los detalles de sus circunstancias previas. Como veremos, esto no significa que el periodo más democrático de la historia de España estuviera condenado al fracaso de una guerra civil, ni mucho menos provocarla. En este sentido, los currículos educativos tal vez debieran, aparte de actualizar los contenidos con respecto a este periodo, enlazar la Guerra Civil, no ya con la República, sino con la dictadura que surgió como consecuencia de la misma. Al fin y al cabo, los conspiradores fueron los que se rebelaron contra el régimen democrático de 1931, originando una despiadada guerra y una longeva dictadura. Después de toda la interminable producción historiográfica que sobre la guerra civil española ha ido apareciendo durante el periodo democrático, no es fortuito, por poner un ejemplo, que todavía encontremos libros de texto que califiquen a los bandos enfrentados como “rojos” y “nacionales”. Así mismo, otros bloques de contenido denominados Franquismo, Transición y Democracia sugieren que el franquismo fue el antecedente necesario de la democracia cuando en realidad se trató de una dictadura de inspiración fascista, salida de una sublevación militar y de una cruenta guerra civil. Está claro quién fraguó el discurso y por qué todavía perdura, a pesar de la existencia de una profunda renovación y actualización de este objeto de conocimiento, realizada por profesionales de la historia de la más diversa índole. En cualquier caso, para entender por qué se desencadenó el conflicto, debemos saber qué sucedió con anterioridad; y esto nos remite irremediablemente al estudio de la Segunda República.
Si bien es cierto que en 1936 confluyeron una gran cantidad de problemas socioeconómicos y políticos de índole estructural, es decir, heredados a lo largo de los tiempos (sobre todo desde la restauración de la monarquía en 1875), aquí nos vamos a referir a la problemática más visible y concreta que se manifiesta progresivamente durante el régimen republicano, gracias al marco de libertades y de democracia que este encarnó. Sin ánimo de idealizar lo que supuso este periodo, analizaremos sus virtudes, que fueron muchas, pero también sus defectos. Estos, entre muchos otros, estuvieron muy relacionados con las paradojas de la incorporación de la sociedad de masas en la vida pública y todas las tensiones que generó entre los diferentes actores implicados. Para entender lo que sucedió en España tampoco podemos obviar el contexto de la Europa de entreguerras, con el auge de los totalitarismos (del comunismo tras la revolución rusa, del fascismo o del nazismo alemán), la fragilidad de los sistemas democráticos y la crisis económica de 1929.
En lo tocante a la Guerra Civil, debido a que el contenido de la mayoría de los artículos es más específico, el titulado ya no está relacionado con los tópicos clásicos de tipo económico, político, social o educativo. Los resultados para este periodo los he presentado por temáticas concretas relacionadas con el análisis minucioso de determinadas instituciones, hechos y/o acontecimientos. De esta manera, por poner algún ejemplo, encontraremos artículos relacionados con la actuación de los Tribunales populares, con la evolución del Comité de Enlace del Frente Popular, o con el análisis del hecho puntual que representó la saca de Quintanar de la Orden. No obstante, como excepción, al final de este bloque he introducido un extenso artículo destinado al análisis integral de la evolución histórica del municipio que lleva por título Vida y gobierno locales de 1937 a 1939.
Por otro lado, tratándose de la reconstrucción de la Guerra Civil a nivel local, desde el principio de esta investigación tuve en amplia consideración la posibilidad de aportar apodos, nombres completos o sólo las iniciales de las personas protagonistas de esta historia. Con respecto a los apodos decidí no incluirlos (salvo alguna excepción) para evitar que hubiera confusiones y/o malentendidos, sobre todo por respeto a las familias que todavía se apodan de la misma manera. Amparada por la legalidad vigente y habiendo transcurrido más de 80 años desde que se produjera el alzamiento, finalmente opté por la introducción de nombres completos. El caso es que los nombres siempre han estado ahí y con este trabajo me he limitado a enlazarlos dentro del discurso narrativo conforme a fechas, sucesos y temáticas.
Es por ello que, hablando de leyes, considero de especial relevancia incluir una breve referencia en esta introducción a la normativa[2] que regula el derecho de acceso a documentos públicos y su difusión. El artículo 105.b de la Constitución Española nos dice que la ley regulará el acceso de los ciudadanos a los archivos y registros administrativos, salvo en lo que afecte a la seguridad y defensa del Estado, la averiguación de delitos y la intimidad de las personas. El acceso a dicha información quedó regulado posteriormente en leyes como la de Patrimonio Histórico Español, donde en el artículo 57.c, encontramos que los documentos que contengan datos de carácter policial, procesal, clínico o de cualquier otra índole que puedan afectar a la seguridad de las personas, a su honor, a la intimidad de su vida privada y familiar y a su propia imagen, no podrán ser públicamente consultados sin que medie consentimiento expreso de los afectados o hasta que haya transcurrido un plazo de veinticinco años desde su muerte, si su fecha es conocida o, en otro caso, de cincuenta años, a partir de la fecha de los documentos.
Sin embargo, una de las trabas que actualmente se pueden encontrar al investigar este periodo está relacionada con las dificultades de acceso a determinadas fuentes. Considero inadmisible que a día de hoy sigan existiendo obstáculos que impidan el libre acceso de los investigadores a la consulta de documentos y expedientes desclasificados de archivos públicos, especialmente los de tipo militar y algunos de carácter judicial. Todo esto hace que, incluso disponiendo de una Ley de Memoria Histórica, no sea tarea fácil abordar profesionalmente el estudio de la guerra civil española desde un marco integral. La promulgación de esta denostada ley en diciembre de 2007 vino a ratificar la necesidad de suplir las múltiples deficiencias con las que tropezaba y tropieza buena parte de la ciudadanía española en términos no sólo de conocimiento histórico, sino también de justicia social. Con respecto a estos dos conceptos, haremos historia sin abusar de la memoria, pero siendo plenamente conscientes de su necesidad, por una cuestión de justicia, reparación y conciencia ciudadana. Se trata, al fin y al cabo, de esa justa memoria de la que habló Paul Ricoeur (Sanz Campos, 2003, pp. 50-59).[3]
Sin ir más lejos, el Comité de Naciones Unidas ha manifestado de manera reiterada su inquietud por el escaso alcance de la Ley de Memoria Histórica, instándole al gobierno español a que la cumpla y colabore en las tareas de localización e identificación de las víctimas del franquismo pues la búsqueda de las personas que han sido sometidas a desaparición forzada y el esclarecimiento de su suerte son obligaciones del Estado.[4] Más recientemente, el 24 de octubre de 2019 se procedía a la polémica exhumación del cadáver de Franco del Valle de los Caídos. No analizaré ahora en estas líneas lo que supuso la exhumación pero, al fin y al cabo, a unos les pareció una medida desproporcionada e incluso una declaración de guerra; a otros, una decisión necesaria pero insuficiente. En vísperas de la publicación de este trabajo, el actual gobierno de España está trabajando en un anteproyecto de Ley de Memoria Democrática.[5]
A lo largo de estos años también he podido observar la existencia de otro tipo de obstáculos a la hora de estudiar en el ámbito local, la guerra civil española. No es de extrañar que el espacio donde todos nos conocemos sea el lugar que más suspicacias genere. Aunque no me extenderé en la consideración de las razones de esta problemática, no está de más señalar que independientemente del punto de vista que se adopte al abordar este periodo, se trata de un controvertido tema de la historiografía española todavía en la actualidad. Como historiadora, bien sea desde el mundo de la política profesional, o desde el sentir general en la población, observo todavía la existencia de visiones antagónicas e irreconciliables, a pesar del tiempo transcurrido. Respetamos las opiniones que muchos ciudadanos puedan tener sobre el conflicto español en base a las memorias familiares o de grupo transmitidas al calor del bar o del hogar, pero por encima de dichos recuerdos, memorias u opiniones, debemos situar la información y el conocimiento histórico debidamente contrastados.
Esta investigación, aparte de sacar a la luz una serie de hechos y de establecer conexiones entre ellos, no pretende bajo ningún concepto ensalzar hazañas y figuras, ni de unos ni de otros. Sin embargo, partiendo del hecho de que la historia la han escrito los vencedores, considero que ya ha llegado el momento, no de sustituir un relato por otro, sino de esclarecer esa otra parte de la historia que nos obligaron a olvidar, tras 40 años de dictadura y, sobre todo, tras la Ley de Amnistía de 1977. Completaremos y añadiremos este periodo de la historia rodense al conjunto de las aportaciones existentes sobre la materia en la provincia de Albacete, contribuyendo a su vez, a desmitificar determinados hechos construidos por los ideólogos e historiadores del franquismo.[6] Por otro lado, y como no podía ser de otra manera, aparte del ineludible análisis de la represión y el terror franquista, también abordaremos las violencias desatadas en la retaguardia republicana, sin complejos ni tabúes.
Más allá de la ideología política que nos resulte más atractiva (pues todos la tenemos), de las interpretaciones historiográficas, o del maniqueísmo con que esta parte de nuestra historia se nos ha presentado, ofreceremos una historia justa y equilibrada para todas las partes involucradas en el conflicto. Mi objetivo no podría ser otro que el de tratar de integrar ambos relatos, el de los vencedores y el de los vencidos, en una historia total, aunque no definitiva. He tratado de ser lo más objetiva e imparcial posible a pesar de las dificultades que esto entraña porque, en primer lugar, se trata de una guerra civil y, en segundo, porque la escritura del pasado siempre está determinada por las circunstancias del presente. Por esta misma razón, no será una historia conclusa y cerrada. Hemos procedido a la reconstrucción de este periodo acudiendo a los vestigios documentales que han quedado: fragmentados, dispersos, escasos, parciales y partidistas en la mayoría de los casos. Además, una vez finalizado este trabajo, probablemente aparezcan nuevos datos, lo que, junto a la permanente renovación historiográfica, hace que esta investigación quede abierta a futuros cambios. En definitiva, contaremos lo que sucedió, en base a las fuentes que han sobrevivido, en un espacio y un tiempo determinados: La Roda de 1931 a 1939.
Para concluir con esta reflexión, me ha parecido muy acertada la reflexión que Manuel Requena escribió para el prólogo de la obra de Ezequiel San José (2003). Dice así:
Se ha producido un destacado proceso de realización de investigaciones sobre temas considerados malditos, pues descubren verdades ocultas pero que son voz populi entre la población anciana que vivió los hechos y que nunca han hablado de lo innombrable, pues se encargó el franquismo de introducir este miedo que aún permanece en algunas familias. Ha llegado el momento en que se ha de hablar sin miedo y con respeto hacia todos.
1. – Constitución Española de 1978, artículos 18.4 y 105.b. – Ley 7/1985 Reguladora de las Bases de Régimen Local, artículos 18.1 y 70.3. – Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español, artículo 57.c. – Ley 15/1999 de Protección de Datos de Carácter Personal. – Ley 19/2002 de Archivos Públicos de Castilla La Mancha, artículos 40 y 41.
2. Paul Ricoeur fue un filósofo hermeneuta francés que desarrolló el concepto de justa memoria en la obra que lleva por título La memoria, la historia, el olvido (2000).
3. Preámbulo de la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, Resolución de la Asamblea General de la ONU, Nueva York, 2006. Ratificada y publicada en el BOE por la Jefatura del Estado español el 18 de febrero de 2011
4. La Ley de Memoria Histórica, como vemos, pasará a denominarse Ley de Memoria Democrática. Este cambio de adjetivo implica evidentemente una distancia con respecto al pasado al retirar el término “histórica” sustituyéndolo por el de “democrática”, un término más neutro y global. Está previsto que esta ley, que completa y mejora a la anterior al abordar la memoria histórica y democrática del país desde un punto de vista más público e integral, sea aprobada en el verano de 2021.
5. Para ampliar sobre esta cuestión, consúltese a Moradiellos, E. (2004). 1936: Los mitos de la Guerra Civil. Barcelona: Península, y a Viñas, A. (2013). Las armas y el oro. Palancas de la guerra, mitos del Franquismo. Barcelona: Ediciones de Pasado y Presente.